09
Maj
15

¿Estadista o activista?

A decir verdad, el anterior titular no ha sido colocado por el autor de este comentario, sino por uno de los lisiados de guerra que han hecho de la Plaza del Divino Salvador del Mundo, su campamento.

Hay especiales coyunturas en las que la nación está más pendiente que nunca de lo que va a discursar el presidente de la república. Para un gobierno que se dice de izquierda, el primero de mayo constituye una de esas especiales coyunturas.

Son enormes y complejas las carencias de autoridad, legalidad, justicia y gobernabilidad que colocan a El Salvador en el fatídico umbral del Estado fallido; demasiados los síntomas que el país deja al descubierto en este sentido. Uno de éstos es que se tenga que recurrir al ejército para resolver problemas de carácter social como la delincuencia.

El solo hecho que en un momento en que el pueblo centra el máximo de su atención en lo que va a decir el presidente, sobre los graves problemas que arrostra la nación; la mejor manera de resolverlos; y se muestre el primer mandatario sin nada que decir al respecto, es ya un síntoma muy revelador.

El que sean opiniones ajenas al gobierno las que se vean en la necesidad de traer a colación la acuciante problemática y a proponer soluciones, es otro signo muy indicador.

El presidente de la república perdió, el recién pasado primero de mayo, la magnífica oportunidad de explicar a la nación muchas cosas trascendentales, por ejemplo, si cuenta el gobierno con alguna hoja de ruta que le lleve a dar tratamiento a esos 300 000 salvadoreños que deambulan perdida la esperanza al interior y exterior del país, despeñados en la miseria a causa de haber sido expulsados de sus lugares de vivienda por delincuentes y pandilleros.

Ha tenido que ser el comité noruego para desplazados y refugiados el que venga a introducir esta problemática en el debate social, debido a que el gobierno salvadoreño no se da por enterado de la gravedad de este hecho.

¿Tiene un plan el gobierno para recuperar las viviendas usurpadas por pandillas y devolverlas a sus legítimos dueños? No! el gobierno no da muestras de contar con un plan semejante.

Ha perdido el Estado la autoridad moral, la capacidad y la voluntad de decomisar lo robado al ladrón y restituirlo a su propietario. ¿Es o nó; o únicamente se parece tal situación al Estado fallido?

Ha tenido que ser Rudolph Giuliani, ex alcalde de Nueva York, quien venga a dar consejos (dicho sea de paso, malsanos), al gobierno salvadoreño en materia de combate a la delincuencia. Más hubiese valido al gobierno de Cerén aconsejarse en este terreno, de países verdaderamente pacificados socialmente, como Cuba, que de un país como EEUU, el cual no hace otra cosa en este tipo de problemática, que esconder la basura bajo la alfombra.

Y ha tenido que ser un simple militante (fuera del gobierno), como el abogado Fabio Castillo, ex coordinador general del partido fmln, quien tenga que corregir al presidente en cuanto a la inútil e infructuosa tendencia por parte del Legislativo y el Ejecutivo, de hacer la guerra a la Sala de lo Constitucional y anteponerse a sus resoluciones.

Ha sido Castillo, quien tenga que poner en claro, que los magistrados de la Sala, como humanos pueden equivocarse y se han equivocado; pero que a diferencia de lo afirmado por el presidente, son personas honestas sin filiación partidaria; tampoco obedecen a grupos oligárquicos u oscuros intereses.

¿Quién otro que Castillo, el cual pertenece al mismo gremio de los magistrados puede dar fe sobre la condición de ellos?

El presidente parece incapaz de entender que la Ley de Procedimientos Constitucionales, blinda de manera sabia la independenica de la máxima autoridad del país en materia constitucional y confieren obligatoriedad de cumplimiento a sus resoluciones. Que el espíritu de esta ley, contrariamente a lo que sucede en el Vaticano (la autoridad suprema para el presidente), no es dotar de infalibilidad a la Sala de lo Constitucional, sino de garantizar básica estabilidad en el engranaje estatal e impedir que el país derive hacia el caos institucional.

Peca de ingenuidad el presidente al mostrarse anuente a reformar la antesdicha ley a fin de que las resoluciones de la Sala pierdan su carácter de obligado cumplimiento. Tal necedad de llegar a materializarse, desataría tal guerra inter institucional; generaría tal pantano de ingobernabilidad en los que se hundiría para siempre el propio gobierno de Sánchez Cerén.

La Fiscalía General de la República prepara con tesón el terreno para perder los casos de Francisco Flores y de la trama CEL–ENEL. El presidente parece no percatarse de ello.

Y no es que estemos demandando del presidente de la república que el Ejecutivo haga la guerra a la Fiscalía, como lo hace a la Sala de lo Constitucional; lo que demandamos del presidente es que muestre estatura de estadista. Estadista es aquel presidente que en lugar de promover la guerra entre los independientes poderes del Estado, los unifica bajo su liderazgo a fin de echarlos a andar en una misma dirección; no mediante la fuerza de las amenazas; sino mediante la razón y los argumentos. Y si esos poderes independientes se resistiesen a aceptar el liderazgo del presidente, tiene éste la obligación de concertar con ellos un punto de equilibrio que garantice la gobernabilidad del país. En eso consiste su trabajo como primer mandatario. Caso contrario no merece el oneroso salario que devenga.

El primero de mayo, el presidente perdió gran oportunidad de explicar al pueblo, el derrotero que conduce a la nación hacia la meta de resolver su grave y multiplicada problemática. El espacio de su esperado discurso lo ocupó para despotricar irrespetuosa diatriba contra la Sala de lo Constitucional. Llamó a salir a la calle y hacer la guerra a la autoridad suprema en materia de la Carta Magna de la República de El Salvador. Afortunadamente únicamente ciertos ministros, diputados y la cúpula de su partido estuvieron dispuestos a obedecerle; no así las masas del pueblo; mucho menos los combativos veteranos y lisiados de guerra que acampan día y noche en espera de justicia, ahí, en la misma plaza en donde el presidente se pronunció.

En el subsiguiente debate que ese discurso generó entre los veteranos y lisiados de guerra, dijo alguien: “…para piezas agitativas de tal naturaleza, no se necesita liderazgo, ni alta investidura, mucho menos estatura de estadista. Eso lo puede hacer cualquier mentalidad calenturienta; cualquier exaltado, fanático activista” Otro de ellos dijo: ”No hace falta que la delincuencia tome el poder y ponga su propio presidente para hacer de un país un Estado fallido. Hace falta únicamente generar la ingobernabilidad; el vacío de liderazgo al más alto nivel”.

Urías Eleazr


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