06
Jul
15

¿Hacia un régimen delincuencial?

Perder la perspectiva significa perder el rumbo; darse al extravío, a la deriva; perder la noción del objetivo; perder la noción de hacia dónde avanzar.

Había antes un supuesto faro que guiaba los pasos; las acciones de los actuales gobernantes de nuestro país. Ese presunto faro era la justicia social. Ellos le colocaron el ponposo nombre de “socialismo”.

La vasta sabiduría acumulada por las experiencias sufridas por el pueblo llano, le lleva al convencimiento que el ejercicio del poder corrompe.

Y es así que a medida que la nueva clase gobernente se afianza en el poder del Estado, el supuesto faro de luz que les guiaba en el pasado, se ve ahora como un difuso punto cada vez más lejano; un moribundo destello; un desteñido recuerdo. “Vivimos el momento más oscuro del país”, dice el ex comandante guerrillero Dagoberto Gutiérrrez.

Es grande el regocijo entre productores, comerciantes y contrabandistas de armas. El gobierno salvadoreño ha elegido la guerra para enfrentar pandillerismo y delincuencia.
Es como elegir combatir una plaga de mosquitos a cañonazos.

Esta guerra no solucionará nada, por el contrario provocará el fortalecimiento de los grupos delictivos, y gran sufrimiento a la sociedad civil no combatiente.

Para esos grupos la disimulada guerra del gobierno contra ellos, significa la oportunidad de forjar cuadros curtidos en el combate; de conformar su particular panteón de héroes glorificados por su amplísima base social de apoyo.

Cabe así mismo la enorme posibilidad que la guerra antipandillas del gobierno, desemboque en el fin de la rivalidad, y la unidad de todos los grupos pandilleros, bajo un solo mando unificado.
Si los ciudadanos salvadoreños no somos capaces de poner paro a este absurdo echado a andar por la cúpula del partido en el gobierno, tal guerra no teminará al final del actual período presidencial.
Cuando Salvador Sánchez Cerén abandone la presidencia, dejará tras de sí un país sumido en una guerra insoluble, únicamente conducente a enriquecer a los grupos económicos vinculados a la producción, comercio y contrabando de armas y municiones; conducente al reconocimiento de los grupos delincuenciales, como legítimas fuerzas beligerantes.

La acción combinada de la PNC y el ejército, está cometiendo los mismo errores de los pasados regímenes contrainsurgentes, y los errores de los gobiernos de Francisco Flores y Antonio Saca.
Durante los regímenes contrainsurgentes, los jóvenes de ambos sexos que vivían en zonas de intensa actividad popular eran considerados enemigos.

Desde el gobierno de Francisco Flores, hasta el actual, los jóvenes de ambos sexos que viven en zonas de intensa actividad pandillera, son considerados delincuentes. A partir de tal supuesto, la táctica antipandillas implementada a iniciativa del presidente Cerén, se permite redadas masivas e indiscriminadas. El resultado es que son cada vez más los muchachos inocentes que al interior de los centros de detención, caen bajo la influencia y presión de la delincuencia.

Este equivocado accionar de las fuerzas combinadas policía – ejército, contribuye además a paralizar la economía y a entorpecer la labor educativa del país. Son muchos los jóvenes que al ser detenidos por simples sospechas, pierden su trabajo, o pierden el normal ritmo de su actividad escolar. Estos jóvenes pasan a formar parte de la población psíquicamente traumatizada por la violencia social; en consecuencia cobran animadversión hacia régimen del gobierno. Multiplica de este modo sus detractores y enemigos, el gobierno de Sánchez Cerén.

El alto mando de la PNC anda no menos errático que el gobierno central. Obliga el acuartelamiento general de los agentes, en locales insalubres, verdaderas ratoneras en donde se carece de suministro de agua y la hediondez de los atascados retretes inunda el ambiente. No hay un solo decente camarote para el adecuado reposo. Se ve ahí a los agentes del orden, tratando inutilmente de conciliar el sueño y descansar, encima de cartones tirados sobre un piso húmedo, entre aperos de limpieza. En tanto los altos mandos de la corporación duermen en sus hogares, sobre mullidos colchones en compañía de sus esposas. Tal diferencia es abono para la desmoralización e ineficacia de la corporación policial.

En este sentido, la guerra psicológica, parece estarla ganando las pandillas. Han provocado estos grupos que las fuerzas combinadas policía – ejército, hagan caso omiso al reglamento y ley de policía, recurriendo a la brutalidad al momento de actuar. Son numerosas las fotografías y videos ofrecidos por los medios informativos, en donde se ve los agentes del orden pateando a los capturados, y obligándolos a posiciones torturantes y dolorosas.

Tal ilegal procedimiento de captura es puesto en práctica, según mandos y bases de la corporación policial.para imponer respeto y obligar a la sumisión a los capturados. El resultado sin embargo, es todo lo contrario. Crece el odio, se pierde respeto hacia el cuerpo policial, con el agravante que son muchas personas inocentes, sin nexos con la delincuencia, que sufren esas tropelías.
Todo cuerpo policial que recurre a la tortura, no hace otra cosa que mostrar histeria y desmoralización.

Definitivamente este gobierno, del cual los electores salvadoreños esperábamos un sustancial cambio a mejor, en el modo de gobernar, se muestra errático, extraviado; perdida la perspectiva; absorbido por el pantano de un conflicto imposible de ganar mediante procemientos de guerra.
Aún estamos a tiempo de desactivar la solución militar a la problemática social, pretendida por el gobierno, antes que los grupos delictivos alcancen la capacidad militar de obligar a una paz negociada; puesto que la paz a que un Estado es forzado mediante un proceso de negociación, implica la legitimidad moral, política y militar de la contraparte.

De ahí en adelante delincuencia y pandillas, gozarán del derecho de tratar de tú a tú con el Estado salvadoreño. Sucederá entonces en consecuencia, otro ulterior fenómeno.
Siendo como son políticos y funcionarios salvadoreños, tan proclives a delinquir, las fuerzas coaligadas entre éstos y los grupos fuera de la ley, someterán a los salvadoreños bajo un régimen delincuencial de gobierno.

Ahmed Goliath


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