06
Aug
15

DIALOGOS CON EL ALMIRANTE II

NARRADOR: El chispazo para escribir estos diálogos surgió durante una clase donde había estudiantes de diversas culturas y nacionalidades. Mis conocimientos sobre Cristoforo Colombo y su expedición no pasaban de ser muy básicos. Era lo que había aprendido en la escuela primaria y secundaria. Las otras ideas y conocimientos agregados eran prejuicios ideológicos, posturas políticas o chauvinistas y hasta resentimientos humanos.

En aquella ocasión, nuestra profesora no podía creer que Cristoforo Colombo había terminado sus últimos días pobre y abandonado, después de haber sido el primer explorador europeo del Nuevo Mundo. Aquella incredulidad de la profesora me animó a seguir profundizando mis lecturas. Entonces pensé… que lo que cuenta no es lo que uno sabe, sino lo que se hace con lo que sabe; y tratando de pasar de lector a escritor; por eso decidí escribir y de allí surgen estos diálogos.

El antes y el después del Nuevo Mundo ocurrió un día de octubre de 1492, cuando Colombo arribó a las islas del Caribe. Lo que hoy somos los habitantes de estas tierras, fuimos marcados por esa expedición y lo que ella trajo por añadidura.

Se suele decir que los latinoamericanos hispano-hablantes no seriamos lo que hoy somos, si el proyecto de Colombo hubiese sido financiado por franceses, ingleses o portugueses, tal como efectivamente estuvo a punto de ocurrir. Pero en fin, fueron los reinos de Castilla y León, que luego formaron la España, quienes lo financiaron y los hechos pasaron como sucedieron. No hay vuelta de hoja y debemos aceptar que la pesada rueca de la historia no tiene retroceso; solo la literatura puede recrear e innovar los hechos de la historia y al mismo tiempo, ser parte de ella. Esa es mi intención en estos diálogos.

Uno siempre es producto de los tiempos y lugares en que le toca vivir. Destinada por los tiempos y los lugares, cada persona experimenta diferentes circunstancias u oportunidades que se le presentan y que pueden ser aprovechadas o desaprovechadas según su propio ingenio o capacidad.

Las personas a quienes se tilda de oportunistas son las que piensan y dicen: – esto es para mí, solo para mí, y lo debo aprovechar – es más, en la mayoría de los casos ellas se creen llamadas y elegidas a aprovechar las circunstancias que se les presentan, aunque no cuenten con el ingenio o la capacidad para ello. Pero en fin, quien soy yo para juzgarlos, únicamente sé, que así son los gajes del oficio de vivir y comprender la naturaleza humana y debilidades.

Pero bien, es tiempo que veamos al personaje – a Colombo – en su contexto, libre de influencias y prejuicios que ni los mismos españoles han podido o querido superar. Por eso decidí escribir estos diálogos, a manera de una exploración de lo que fuimos y lo que somos, con nuestros defectos y virtudes. No para reivindicar al Colombo muerto y desdichado, sino para darle una verdadera oportunidad al Colombo vivo, actualizado; al verdadero Colon de su tiempo, y no a la imagen del personaje que nos presentaron tres siglos después que fuera humillado.

Después de esta introducción, permítanme lectores, continuar mí dialogo con El Almirante:

Aunque usted -Almirante- no sabía que existían otros mundos distintos, a los conocidos en su tiempo, estaba plenamente seguro que se podía llegar al Oriente en dirección opuesta. Mientras los portugueses tenían 15 o 20 años intentando llegar al mismo lugar, bordeando el inmenso continente africano, usted se atrevió a decir que había otra ruta más directa. Y por esa idea fue tildado de loco, aventurero y extranjero en busca de fácil fortuna.

Ahora que conozco algo de su vida, me atrevo a decirle que usted no fue un oportunista, pero me gustaría sondear sus pensamientos. ¡A ver si puedo despojarme de los prejuicios que siempre le he tenido! Que son los mismos que Rubén Darío le expresó en el poema que lleva por nombre – A Colon – y que leyera durante

una recepción en Madrid, en octubre de 1892, para las celebraciones del Cuarto Centenario de su llegada a estas tierras.

Darío, en aquella ocasión sorprendió al público y me imagino que a usted también, cuando de entrada en sus versos le dijo: “Desgraciado Almirante, tu pobre América, / tu india virgen y hermosa de sangre cálida / la perla de tus sueños, es una histérica / de convulsivos nervios y frente pálida”… Al final del poema, y para suavizar el primer romplón de sus versos, Darío termina con un ruego que dice: “Duelos, espantos, guerras, fiebre constante / en nuestra senda ha puesto la suerte triste / ¡Cristoforo Colombo, pobre almirante / ruega a Dios por el mundo que descubriste!”

Esos mismos prejuicios los vemos repetir hoy en día en nuestras plazas y ciudades. Suceden cuando a tus esculturas y monumentos les avientan y los manchan con pinturas, desalojándolos de las vías públicas de algunas ciudades latinoamericanas; desahogando con ello, el resentimiento y el mal sabor que dejó la conquista y el colonialismo, culpándote de toda la barbarie que vino después, y haciendo valoraciones fuera del contexto en la que usted vivió.

Ahora van mis preguntas: ¿Por qué estaba usted tan decidido a emprender esa expedición, navegando sobre las profundidades de lo que en su tiempo llamaban “El Mar Tenebroso”? Me dijo también que su hazaña de navegación fue accidental. ¿Fue entonces el error y la equivocación las que lo llevaron a toparse con el Nuevo Mundo? Digo toparse, porque no quiero ocupar la palabra, “descubrimiento”, que por cinco siglos se usó y se nos inculcó en la educación. Palabra que recientemente ha sido sustituida por el “encuentro” y que más bien debió llamarse el “encontronazo”; por todas las consecuencias de dolor y muerte que trajo su expedición.

ALMIRANTE: Para responderte necesitaría relatarte la mitad de mi vida, y explicarte como llegue a tal convicción. Tendría que resumirte los más de mil años de oscurantismo que vivió la humanidad por causa del cristianismo dogmático, que mantuvo estancadas las ciencias, arrinconadas a los claustros y a los elitistas centros del conocimiento controlados por la jerarquía católica y los monarcas europeos. Mil años de oscurantismo, salvados en parte por la cultura árabe y lo que quedó de sus bibliotecas incendiadas por la nomenclatura cristiana. En tiempos en que el cristianismo dejó de ser una religión popular y pasó a convertirse en una religión popularizada por el imperio romano.

Tendría que explicarte como se encontraba el comercio mundial, como la incipiente burguesía de comerciantes y artesanos se relacionaban y competían con las monarquías por el control de los mercados y las rutas comerciales. En fin, tus preguntas me ponen un reto para explicártelo en breves palabras, pero lo intentaré. Empezare por los primeros años de mi vida.

Después de mi muerte y hasta que por fin se me reconoció el mérito de haberme tropezado con El Nuevo Mundo, varios pueblos y lugares se disputaron mi lugar de nacimiento y todavía siguen en esa discusión. Pero no quiero seguir echándole más leña, a ese fuego de dimes y diretes de mi lugar de nacimiento. Solo quiero confirmarte que el puerto de Génova, fue la ciudad de mis primeros años de infancia y juventud.

Como buen porteño, y aun siendo un adolescente aprendí el oficio de la navegación. A mis 14 años comencé a formar parte de expediciones de navegación, con fines comerciales y de guerra. Al tiempo que me preparaba en el conocimiento de la geografía y la navegación. A Génova llegaban todas las noticias de lo que pasaba en el mundo conocido de los años 1465 a 1480.

En mi juventud, tuve la dicha de vivir y estudiar en algunas ciudades de la bota peninsular de lo que llegó a ser La Italia, ciudades donde, no sé por cuales razones estalló la fiebre del genio y del arte, y lo hizo con una violencia epidémica que extendió su gloria y contagio por toda la Europa. Era el renacimiento con

genios y artistas que con sus primeras luces, destellos y brochazos iluminaban el milenario túnel de oscurantismo.

En aquel tiempo Lisboa era el centro de atracción para los estudiosos y practicantes de la geografía y las ciencias náuticas; por el empeño del reino de Portugal de abrirse paso hacia el oriente bordeando la costa occidental del vasto continente africano. Yo también quería estar en Lisboa para ganar más conocimientos de navegación y proponerles mi ruta alternativa hacia el oriente. Y me fui para Lisboa.

Los monarcas lusitanos fueron los primeros a quienes propuse mi proyecto de navegación. Ellos me creyeron en parte, pero fueron hipócritas conmigo, más bien oportunistas y aprovechados. Ocuparon mi proyecto para enviar su propia expedición a mis espaldas. Menos mal que como aquella tripulación no estaba convencida, rápidamente abandonaron el viaje, y regresaron diciendo que mi proyecto era falso. Al enterarme de la jugada que me habían hecho, y como mi mujer recién había fallecido, nada me ataba a Lisboa; entonces arme mis maletas, tome de la mano a mi hijo Diego y me fui hacia España.

NARRADOR: ¿Pero, por qué estaban empeñadas las monarquías europeas en la búsqueda de rutas al oriente?

ALMIRANTE: En aquellos tiempos, – Siglos XIV, XV y XVI – los intercambios comerciales entre el Oriente y Europa estaban en aumento, pero había demasiados intermediarios que encarecían los productos. Dicha ruta de más de 11 mil kilómetros fue llamada La Ruta de La Seda. Los comerciantes intermediarios se iniciaban en el Lejano Oriente y Asia Central, pasando por el Medio Oriente, de allí a las ciudades de Alejandría, Constantinopla, hasta que finalmente los productos entraban a las ciudades estados de Venecia, Florencia y Génova, de donde se distribuían a todo el mundo occidental.

Por esta ruta pasaban productos mucho más importantes que la simple seda, entre ellos, la pólvora, medicamentos, drogas, especies, (necesarias para la preservación de alimentos) y otros como: La porcelana, el papel, la brújula – clave para el desarrollo de la navegación – perfumes, gomas, alfombras, telas, perlas, piedras y metales preciosos y artículos de lujo y comodidad etc…

Tuve la oportunidad de nacer y vivir en un momento importante de la historia de la humanidad. Eran las primeras luces del paso del Oscurantismo al Renacimiento. Ese cambio de época fue acelerado por la invención de la imprenta, el auge en la técnica de productividad y consumo del papel; fue el momento en que los libros dejaron de ser de uso exclusivo de monjes y monasterios. Yo fui uno de los primeros compradores de libros y mi libro de cabecera fue “Los Viajes de Marco Polo” publicado en 1485,

El cristianismo en sus primeros años, hizo avanzar a la humanidad, porque fue una religión monoteísta que criticó la fe y las prácticas paganas, al tiempo que según los evangelios debía convertirse en universal, diferenciándose de la elitista religión judaica. Pero cuatro siglos después, bajo el control del Imperio Romano, el cristianismo metió en el mismo saco a las ciencias; considerándolas paganas. Así destruyeron la Biblioteca de Alejandría que guardaba todo el conocimiento científico acumulado hasta la fecha, provocando el mayor desastre cultural y científico de la historia.

Para terminar este segundo dialogo, te explico lo del error que me trajo al Nuevo Mundo. La gente a estigmatizado que el error es un verdadero error. ¡Yo no pienso así!… En realidad por error se han hecho muchas cosas buenas en la vida. Los errores nos enseñan a veces, más que los aciertos. Yo estaba obsesionado con la idea de que era posible llegar al oriente navegando en dirección contraria. Esa idea no era mía, era una idea muy vieja, de la Grecia pre-cristiana. Es una deuda que nadie le ha pagado a los griegos. Hoy que la troica (FMI, BCE y UE) tiene embargada a Grecia, al borde del colapso financiero: ¿Cuánto deberían pagarle a Grecia el conjunto de naciones por sus aportes a las ciencias y al arte? Es una deuda impagable también… ¿Verdad?

Te explico: El matemático, astrónomo y geógrafo griego, Eratóstenes (276 – 194 a.C.) quien fue encargado de la Biblioteca de Alejandría, había calculado que la circunferencia de la tierra media 40,074 Km. (Hoy sabemos que dicha circunferencia mide 40,008 Km.) ¿Un pequeño error, no es así? Considerando la enorme diferencia de herramientas tecnológicas. 150 años más tarde otro Griego: Posidonio rehízo los cálculos, estimando una circunferencia menor de 29,000 Km. Estos fueron los cálculos que adoptó Ptolomeo en los que me base para hacer mi expedición. Los cálculos de Ptolomeo eran los más aceptados en aquellos tiempos porque coincidía con la teoría cristina geo-centrista.

Dos felices errores, fueron pues, los que me llevaron a encontrarme con la tierra de tus antepasados. El Nuevo Mundo: La supuesta pequeñez de la circunferencia de la tierra y una mayor extensión del Asia, hacia el oriente, puesto que Los Viajes de Marco Polo aún no daban cuenta del final de las tierras y pueblos por el encontrados. Así que yo llegue al final de mis días creyendo haber llegado a los lugares que Marco Polo no había logrado llegar.

Beto Sánchez
Orlando, Florida


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