08
Aug
15

Sin timón ni timonel, a merced de las pandillas

El sacerdote jesuita José María Tojeira, toda una autoridad moral en El salvador, ha dejado de asistir a las sesiones del Consejo Nacional de Seguridad y Convivencia Ciudadana (CNSCC), en protesta porque sus integrantes, incluidos los representantes gubernamentales, se niegan a abordar con realismo y seriedad las causas concretas del crónico y sangriento estado de criminalidad pandillera que padece El Salvador desde los Acuerdos de Paz que pusieron fin a la guerra interna (años 80 – 90 del pasado siglo).

El CNSCC está integrado por lo que el gobierno efemelenista considera, “todos los sectores de la sociedad”, a pesar que no están representados ahí los obreros, los campesinos, los desempleados, los habitantes de tugurios, las víctimas de la violencia pandillera, en fin… Sí están representadas las gremiales empresariales, instituciones estatales y privadas, algunas oenegés e iglesias cristianas.

De entre las herramientas pensadas por el gobierno de Sánchez Cerén a fin de combatir la criminalidad pandillera, es el CNSCC una suerte de buque insignia, aunque el propio presidente se encargó de suprimirle los dientes, tomando la decisión que las conclusiones, recomendaciones y sugerencias que salgan de este organismo, no serán vinculantes a las disposiciones gubernamentales. Es decir. El gobierno no estará obligado a echar a la práctica lo parido por el CNSCC.

La pregunta del millón. ¿De qué sirve entonces que las eminencias ahí reunidas únicamente lo hagan para merendar a costa del raquítico presupuesto nacional?

Era innecesario que le fuesen suprimido de ese modo los dientes al flamante Consejo, pues al decir de Tojeira, no hay ahí el interés suficiente de echar mano a la raíz de la problemática, a pesar que esa raíz se muestra a ojos vistas, de tal modo que únicamento los que no quieren verla no la ven.
Son deducibles dos razones que provocan la indiferencia de semejantes consejales. Una es que la violencia pandillera se ceba en la gente pobre, en las PYMES (pequeña y mediana empresa,) y no en los altos funcionarios estatales o del gran empresariado.

La otra razón estaría en que es evidente que el origen de la problemática está en la desigualdad; en la exclusión social a que son obligadas las grandes mayorías de salvadoreños. Y que para corregir semejante situación, se necesitan de recursos que no pueden generarse por otra vía más, que la gran empresa contribuya a las cajas del fisco de manera justa y proporcional a sus ganancias netas, que pague su deuda fiscal al Estado, que cese su cultura de evasión y elusión de impuestos. Que los funcionarios estatales cesen su cultura de robo y dilapidación del presupuesto nacional.

Únicamente con los impuestos que según estudios del Banco Central de Reserva, evadió y eludió la gran empresa en años previos al 2013 (unos 2,495,09 millones de dólares), bastaría para colocar sólidas bases a la resolución de la problemática social salvadoreña.

Dicho sea de paso, los “padres de la patria”, en lugar de legislar en el sentido de obligar a la gran empresa a pagar su deuda fiscal, después de sus acostumbradas comilonas de trabajo, se entregan a dormir el sueño de los holgazanes.

Dicho de otro modo, bastaría que la gran empresa pague su deuda fiscal, lo eludido y evadido, para que este país adquiera la capacidad de emprender el camino a trastocar el estado de violencia pandillera, en favor de un estado de igualdad, progreso y bienestar.

Por supuesto, se necesitaría además que el funcionariado estatal deje de robar; que cese de autorrecetarse, orgiásticos banquetes, lujosos e innecesarios viajes alrededor del mundo; inflados viáticos y gastos de representación; onerosos bonos, regalos y premios, tal y cual la deleznable cultura que instituyó el tristemente recordado Sigfrido Reyes, en la Asamblea Legislativa.

El sangriento paro del transporte público impuesto por las pandillas el pasado 27 de julio, según se vé después de la masacre de usuarios en Perulapán, apenas fue el comienzo de una permanente ofensiva lanzada por estos grupos en contra del Estado y la sociedad civil, en donde la peor parte la están llevando la población de los estratos más pobres del país, soldados y agentes policiales rasos.

Sin embargo la desidia mostrada por el CNSCC; la manifiesta confusión y falta de iniciativa del ministro de seguridad Benito Lara, hacen concluír a los analistas que a la problemática salvadoreña no se ve fin, a corto, mediano o a largo plazo.

El alejamiento de José María Tojeira del CNSCC, pone en evidencia que la palabra “cambio” en boca de los dirigentes del partido fmln, carece ya de sentido, puesto que negándose a abordar los concretos orígenes de la problemática, no hay cambio posible.

En otras palabras, por lo que se ve, los dirigentes del partido en el gobierno, por razones que desconocemos, se encuentran muy cómodos con el estado de cosas imperante. Ha dejado de interesarles que la cosa cambie.

Pero la tragedia salvadoreña no concluye aquí. Aún hay más en este desalentador panorama.

Por motivos de enfermedad se ve el presidente de la república, necesitado de ausentarse del país con demasiada frecuencia y por períodos prolongados de tiempo, incluso en coyunturas de graves emergencias como la que estamos viviendo en este momento.
De este modo se imponen inevitables vacíos y descontinuidades en la línea de mando presidencial, lo cual impide la necesaria coherencia; la eficacia en el ejercicio del poder a fin de resolver la problemática.

Pero el profesor Sánchez Cerén y su partido pertenecen a una cultura política de corte ruso. Consiste ésto en que, una vez capturado el poder, se procede a aferrarse a él con paranoica desesperación, como si de una tabla de salvación enmedio de un naufragio se tratara. De modo que tampoco está a la vista que el primer mandatario, ante su manifiesta incapacidad para gobernar por motivos de salud, se disponga a ceder las riendas del país al primer designado según nuestra carta magna: Óscar Ortiz, vicepresidente.

Así las cosas, para el salvadoreño no hay esperanza alguna de cambio en el lejano horizonte. La actual presidencia de nuestro país promete entonces, pasar a la historia, como un trágico período en el que existió un inoperante consejo llamado CNSCC, cuyos miembros se reunían a beber café y sabrosos bocadillos pagados con los magros dineros del crónicamente deficitario erario nacional; en donde nunca se resolvía nada porque los gatos entreveraban a los ratones.
El Salvador, se dirá en el futuro, bajo el mandato de Sánchez Cerén, fue una nave sin timón ni timonel, completamente a merced de las pandillas. El gobierno formal era el fmln; el gobierno real, las ranflas pandilleras.

Ahmed Goliath


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