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Aug
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Ser social; conciencia social; y los millonarios lujos diputadiles

La carencia de medicinas, insumos, deterioro de equipos, falta de ambulancias; sobrecarga de trabajo para el personal, en fin, el conjunto de deficiencias del sistema hospitalario de El Salvador, es un mal crónico, ampliamente conocido, no únicamente por los entendidos en la materia, sino por todos los salvadoreños que alguna vez han necesitado ser atendidos en alguno de los nosocomios públicos del país.

En el ámbito del Hospital Rosales, ante la pasividad del director general, hará cosa de dos o tres años atrás, el sindicato de médicos decidió tomar el toro por los cuernos, señalando con nombre y apellidos las deficiencias y carencias existentes, demandando solución; a la vez que señalando la falta de iniciativa de la máxima autoridad hospitalaria ante la problemática.

La reacción del médico Mauricio Ventura (director) ha sido colocarse en las antípodas, negando señalamientos y demandas del gremio médico.

El director Ventura, dicen los sindicalistas, intenta llenar el vacío que provoca su falta de iniciativa, con una actitud autoritaria, negándose al diálogo. Se ha dado a gestionar, en cambio, el despido del doctor Alcides Gómez, secretario general del sindicato y de sus más cercanos colaboradores. Tales gestiones no han prosperado, más bien han sido revertidas; pero el director Venturapromete no cejar hasta deshacerse del secretario general del sindicato.

Poco después de asumir la primera magistratura de la nación, visitó Salvador Sánchez Cerén ese hospital, para conocer la situación de primera mano. Esta vez no fue el sindicato de médicos, sino los propios pacientes que se quejaron ante el primer mandatario, por las demasiadas carencias y deficiencias existentes en ese hospital.

Al final de su visita se comprometió el presidente a gestionar por las vías pertinentes, las demandas de los pacientes sin que hasta el día de hoy se manifieste algún visible resultado.

El sistema de salubridad en El Salvador, incluye un primer escalón que son las Unidades de Salud, las cuales se ubican estratégicamente en determinados barrios de las grandes ciudades, y pequeños municipios del interior del país. Estas Unidades compiten con los hospitales del país por el dudoso honor de ser los abanderados de las carencias, deficiencias y sobrecarga de trabajo en perjuicio del personal.

La deplorable situación del sistema dedicado a la salud pública en este país, resulta en que cada año azotan a los salvadoreños diversas epidemias y demasiado alta mortalidad por enfermedades e insuficiencias orgánicas. Esto amerita que los diputados del parlamento dediquen parte de su tiempo a revisar; adecuar la legislación y el presupuesto nacional al respecto.

Y sin embargo, no sólo el director del Hospital Rosales se muestra muy a gusto con la situación. También los diputados de la Asamblea Legislativa.

Si nos atenemos al principio marxista que es el ser social el que determina la conciencia social, y no al revés, nos lleva ésto a entender que el hecho que los parlamentarios salvadoreños se encuentren muy cómodos en el marco del lúgubre panorama del sistema de salud pública del país, tiene su razón de ser.

Producto de las mismas leyes y reglamentos diseñados por nuestros parlamentarios, cuando sufren ellos algún quebranto de salud, tienen derecho a ser atendidos por cualquiera de los hospitales y clínicas privadas del país, o en los más prestigiosos hospitales privados del mundo entero. Este derecho diputadil, según recientes investigaciones periodísticas, cuesta al contribuyente salvadoreño, en principio, una friolera de  más de $5 000 000 dólares. Esta suma corresponde a la prima cancelada a diversas aseguradoras internacionales a las que se acogen nuestros “padres de la patria”.

Este seguro por enfermedad, el mismo a que se acogen los grandes multimillonarios del mundo, incluye el derecho de los diputados salvadoreños, cuando ellos lo demanden, a ser recogido por aviones ambulancias que los trasladarán a cualquier lugar del planeta donde ellos prefieran ser atendidos.

Estamos ante uno más, de los millonarios lujos de nuestros diputados, a costa de los dineros públicos, que con mucho sacrificio entregan los salvadoreños al Estado.

Por lo que se ve, cuando se trata de su propia salud, nuestros dirigentes políticos no confían en la calidad ofrecida por la red de unidades de salud y hospitales públicos del país.

Si los más de $5 000 000 con que los diputados del país, enriquecen aún más a esas multimillonarias aseguradoras, fuesen invertidos en el sistema de salud pública salvadoreño, éste podría solventar muchas de las carencias y deficiencias que denuncia el sindicato médico del Hospital Rosales.

Los lujos extremos que los diputados se recetan los pagan principalmente los pobres de El Salvador. Es sabido que en este país, en conjunto y relativamente, los pobres pagan mucho más impuestos que los ricos.

La calidad y capacidad de trabajo de los diputados salvadoreños no corresponde a los onerosos salarios que se adjudican, y a los excesivos privilegios de que gozan.

Pero volviendo a lo de que no es la conciencia social la que determina al ser social, sino al revés; el día que tanto legisladores y mandatarios salvadoreños en ejercicio de funciones, sean obligados a ser atendidos por el sistema de salud pública del país, ante un quebranto de salud; ese día cobrarán conciencia de legislar y gobernar en favor de la calidad de la red hospitalaria y de unidades de salud del país. Lo cual equivale a decir ¡nunca lo harán!

Matla Xochitl


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