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Aug
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Misoginia I

Al reverendo y a los dos soldados que se negaron a interrogar a la mujer que el gran tribunal había puesto en sus manos, se les encarceló acusados de desobediencia. Fueron sustituidos por Friedrick Rute, clérigo misógino, homosexual, pero de comprobada fe, y dos psicópatas condenados a muerte que a su vez, esperaban su turno al patíbulo.

En su declaración, aquellos manifestaron que habiendo despojado de sus vestiduras a la mujer, para dar comienzo a la faena, cayeron en la cuenta que no era una diabólica bruja la que iban a maltratar, sino a la mismísima madre de Dios. No se atrevierona a revelar al tribunal que, una insólita fuerza les obligó a caer de hinojos ante la desnudez de la mujer. Le besaron los pies y le pidieron perdón con lágrimas en los ojos. Ella les miraba con una compasión infinita. El tribunal les envió a la cárcel, bajo el reconvenimiento reformista que María no fue madre de Dios, sino madre de el hijo de Dios. En el tribunal, el incidente no hizo otra cosa que aumentar la presunción de culpabilidad sobre la acusada.

Por fin, el 18 de junio de 1782, después de repetidas sesiones de interrogatorio que duraron días y noches, fue decapitada la bruja de Seenwald, en la comuna helvética de Glaris. Entre muchas otras cosas, se le acusó de provocar que vomitaran agujas e inducir extrañas enfermedades a toda persona que por alguna razón manifestara alguna antipatía hacia ella. Una de las afectadas era la señora Tschudy, madre de Anne Miggeli, y Susanna, dos de las cinco niñas a que servía de nodriza en casa de esa familia.

La denuncia ante el alto Domstol (tribunal), corrió a cargo de su patrón, el médico Johann Tschudy, quien mediante un confuso relato, refirió los hechos acusatorios con un lenguaje no del todo coherente, según aclaró en su testimonio, a causa de la misma maléfica influencia que ejercía sobre su persona la maldita bruja.

Ni el lenguaje, ni el relato son exclusividad del ser humano. Hay en la naturaleza, entre otros, el lenguaje de los delfines, los relatos de las abejas exploradoras, y los de los grandes simios, que asemejan en mucho las formas comunicativas de los bebés del género humano.

Y desde la perspectiva puramente humana, el relato no es en su carácter primigenio un género literario, sino una de las tantas manifestaciones del lenguaje. El origen del lenguaje responde a la necesidad de relatar.

El más insignificante de los seres humanos ha nacido al mundo para, cotidianamente relatar y ser relatado por sus semejantes. De ahí que las diversas formas de su forma escrita, no deberían servir para exacervar el alter ego de los autores que se enriquecen a partir de ser ungidos por un príncipe, por un rey o por un poderoso editor.

Cada vez que se relata un asunto coloquialmente o en forma escrita, recrea el arte de las muñecas rusas: queda circunscrito en el marco de una referencia anterior, parecida pero distinta. Es decir, el asunto se vuelve un relato dentro de otro, y éste a la vez encerrado dentro de algotro, y éste de otro, y de otro, y de otro, y así sucesivamente, con tendencia al infinito. Los más palurdos de mis compatriotas, observan el fenómeno y le llaman ”chambre” (chisme).

No hay aún consenso entre los filósofos de la filología, alrededor de que cada vez que se refiere un asunto, se purifica o se corrompe. Muchos de estos filósofos, sobre todo los cientificistas, niegan la existencia del fenómeno, y también lo niegan no pocos galardonados escritores monárquicos. Atribuyen el postulado anterior a un intento de serruchar el piso del puesto que ocupan en el mercado de las letras.

Lo cierto es que Anna Goldin era una mujer tímida, cuya silueta, estatura y grandes ojos glaucos, atraían poderosamente la mirada de hombres y mujeres, tal que la humildad tallada en ella por doscientos años de reforma, le aconsejaba no esmerarse tanto en cuidar de su apariencia a fin de poder pasar lo más desapercibida posible entre sus coetáneos; consejo que siguió sin dificultad, porque pertenecía a la clase más pobre de la muy orgullosamente antimonárquica comuna Seenwald, Cantón San Galo, Distrito Werdenberg, Helvetia. Al pie de los montes Alpes.

Los que se rigen por la astrología creen ver en el mismo año que nació la Godin, presagios. En 1734 es derrotada Austria por Montemar en la batalla de Bitonto. En consecuencia España recupera Nápoles, y se reaviva la caza de brujas, no únicamente en las regiones católico romanas, sino también en las dominadas por la Reforma.

Este mismo año nace Caspar Wolf, quien va a rescatar de las garras inquisitorias, la nueva ciencia de la embriología. Se publican las obras de Voltaire.
En el mismo período de tiempo se dejan ver también, hechos funestos: muere Johann Dippel, quien asimismo había rescatado de la hoguera, las ciencias químicas; y mueren además Giovanni Ceva y Richard Cantillón que habían hecho lo propio con las matemáticas y la economía.


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