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El nuevo rostro de Europa

Desde tiempos de Pedro el ermitaño (primer cruzado, siglo XI), o quizás de mucho antes, desde el primer desembarco bereber bajo el estandarte del Califato Omeya en la Península Ibérica, se viene cocinando a fuego lento una relación que aunque de amor – odio entre Europa y Oriente Medio, tiende a la permanencia, y de esta permanencia tendrá que pasar a la pacífica estabilidad.

A estas alturas de la historia, estas dos regiones geográficas conforman ya una unidad político cultural, indisoluble.

Europa, junto al conjunto del mundo occidental, ejerce avasalladora influencia sobre los estados y la cultura del oriente medio; en tanto la cultura árabe – islámica, alcanza hasta allá donde nunca pudieron llegar las legiones romanas (Escandinavia).

Antes de esta ola de refugiados sirios, en los países pertenecientes a la Unión Europea, habían ya 14, 260, 985 musulmanes practicantes.

Aparte de los estados laicos, son actores protagonistas de este devenir, las religiones monoteistas originarias del Oriente Medio.

Nuevos protagonistas surgen a la luz.

Resultado del actual conflicto, los kurdos sirios se han hecho con una unidad territorial independiente, una capital administrativa, una estable producción petrolera y un ejército que mantiene a raya al Estado Islámico y Al Qaeda en la franja norte de Siria e Irak. La mayoría de kurdos son musulmanes practicantes, pero en general, tienden al Estado laico.

En la guerra contra el Estado Islámico y Al Qaeda, los kurdos sirios son un aliado de confianza de Estados Unidos, de quien reciben apoyo aéreo, pertrechos, vituallas y material médico.

A pesar de la ambigua propaganda de los gobiernos europeos, los centenares de miles de refugiados de la guerra siria, a los cuales se han agregado, iraquíes y afganos, han sido recibidos como héroes. La envejecida e insuficiente población europea los necesita como potencial fuerza laboral y como contribuyenes a las cajas del fisco, para un futuro mediato.

El islam es ya la segunda religión más extendida en Europa. Sus tradiciones son masivas. A falta de suficientes mezquitas, en el corazón mismo de Europa, son capaces de tomarse plazas y calles, obstaculizar el tráfico vehicular con el solo objetivo de llevar a cabo la oración del viernes. En coyunturas políticamente tensas en las que las comunidades islámicas se ve afectadas, la oración del viernes puede ser el punto de partida de una masiva manifestación de protesta.

Como en toda religión, las amplias bases de adeptos, son gentes pacíficas y moderadas; son pequeñas minorías las mesiánicas y fanáticas que derivan hacia el terrorismo.

Hablando de religiones, hay sin embargo, dos tendencias dominantes en el Islam como en el Judaismo, que chocan con el orden establecido y la cultura política de la Europa laica, que de no ser tratadas, podrían ser el germen de futuros conflictos.

La primera de estas tendencias es la autosegregación a que se someten en el extranjero estos grupos religiosos, a fin de preservar puras e incontaminadas sus ancestrales tradiciones. Esto riñe con el propósito europeo de integrar a los inmigrantes a las costumbres de una Europa laica en donde se pretende que todas las personas, independientemente de su religión, tengan el mismo valor ante la sociedad; el Estado; y gocen de los mismos derechos.

La segunda de las tendencias antes dichas va en sentido contrario a la Europa que hace muchos años vio la conveniencia y resolvió el divorcio entre religión y Estado. Para islámicos y judíos, el Estado religioso es piedra angular de su doctrina.

Para los islamitas moderados, y para el europeo culto, las acciones de Estado Islámico, Al Qaeda y otras sectas similares, nada tienen que ver con el Islam. Los dirigentes de tales agrupaciones ni siquiera son creyentes, sino, simples pandillas de iluminados.

Estos grupos responden a otro fenómeno propio de las religiones. Una secta de ateos o falsos creyentes con suficiente carisma y poder manipulador, son capaces de escalar paso a paso hasta colocarse como autoridad suprema de una comunidad religiosa a fin de utilizarla hacia la consecución de intereses muy particulares, disfrazados hábilmente de principios o dogmas de fe. Tampoco es extraño que tales sectas recurran a la usurpación, al asalto o la impostura, a fin de apoderarse de la conducción de una comunidad de creyentes.

Hay un asunto fundamental referido a las sectas terroristas de signo religioso. Además de ser falsos creyentes, como cualquier vulgar pandilla son incapaces de otra forma de conducción que no sea el terror, incluso al interior de ellas mismas. Esto las incapacita para ejercer algún tipo de liderazgo político entre las masas populares. Eso sí, se hacen obedecer, porque todos y cada uno de los miembros de la secta tiene derecho a ejercer la pena de muerte, amenazas y torturas sobre los miembros de la comunidad que dominan.

Debido a su carácter pandillero, son utilizadas tales sectas, por  grupos de poder político y económico, que las utilizan, apertrechan, financían, les confieren autoridad, les garantizan impunidad, para luego lanzarlas a un fin determinado. Actúan como halcones entrenados. Se inactivan y enquistan cuando dejan de recibir el apoyo de sus patrocinadores.

En ésto, hay que decirlo, los servicios de inteligencia occidentales se muestran impotentes, pues no han podido poner en claro, qué poderes son los que están patrocinando actualmente la beligerancia de Estado Islámico, Al Qaeda y sus similares que actúan en el continente africano.

En el marco de la creciente influencia de la cultura islámica en Europa, se abre el primer capitulo de una lucha entre los mesiánicos fanáticos que dicen actuar en nombre del Islam, y los estados europeos. Esta lucha tendría que redibujar inevitablemente, el rostro de la Europa del futuro.

Los estados europeos se ven obligados a bregar en el sentido de que las comunidades islámicas acepten las ventajas de la integración a la nueva sociedad a que pernecen, en contraposición a la autosegregación a que tienden. Y deberán bregar, los estados europeos, porque esta misma comunidad acepte las ventajas del divorcio Estado – religión.

Tanto la integración social como la separación religión – Estado, son piedras angulares de la cultura política de la Europa contemporánea, las cuales, es impensables sean sometidas al cuestionamiento o a la rediscusión, ni en el más lejano de los futuros.

La lucha de los mesiánicos fanáticos que se autonombran islámicos es más simple. Intentarán, utilizando como herramienta los métodos más salvajes posibles, que la comunidad islámica europea sirva de agua para que ellos que son el pez, puedan nadar a voluntad hacia el imposible objetivo de hacer de Europa un califato cuya forma de gobierno fuese el terror.

Ahmed Goliath


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