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Las heridas mal curadas son las que vuelven a supurar

Gran polvareda ha levantado en El Salvador la derecha tradicional, al renovado requerimiento de la Audiencia Nacional de España sobre los miembros de la cúpula militar y elementos de tropa, involucrados en el asesinato de seis sacerdotes jesuitas (cinco de nacionalidad española), y dos empleadas domésticas, en el marco de la ofensiva guerrillera de 1989; consecuencia de lo cual han sido capturados cuatro de un total de 17 requeridos. El resto de ellos encuentran en calidad de prófugos de la justicia.

Dicho requerimiento implica la posible extradición de esos militares a España a fin de ser juzgados en ese país europeo.

Los militares aludidos no protagonizaron únicamente el asesinato de los jesuitas de la Universidad Centroamericana. Antes de ese hecho se involucraron en una larga cadena de masacres en perjuicio de la población civil salvadoreña, a lo cual, con el apoyo de los gobiernos estadounidenses de turno, apostó el alto mando militar, como método para resolver la guerra interna a su favor.

El general retirado Mauricio Vargas, activo a lo largo de ese conflicto interno, hoy diputado por el partido Arena, ha despotricado en contra de la judicatura española.

Arena (en esa época en el gobierno), veteranos ex ministros de defensa y grupos afines, ejercen actualmente gran presión sobre la Corte Suprema de Justicia de El Salvador (institución que deberá fallar en contra o a favor del requerimiento español). Pretenden que el máximo tribunal de nuestro país se decante en contra de la petición de la Audiencia Nacional del país ibérico.

La demanda de la justicia española es completamente legal, se fundamenta en tratados y protocolos internacionales suscritos por El Salvador. Arena por tanto y los sectores afines que le secundan, intentan que la Corte Suprema de Justicia salvadoreña, desconozca convenios y tratados internacionales, de los cuales nuestro país es signatario.

Si la CSJ llegase a ceder a las presiones que se ejercen en contra de su independencia, estaría demostrando el Poder Judicial salvadoreño, que no ha tocado fondo en su fama de configurar una de las institucionalidades más corruptas del mundo; estaría demostrando que le falta caer más bajo aún.

El argumento central a que echan mano los detractores de la captura y extradición de los militares requeridos, es que de hacerse efectivo el susodicho requerimiento volverán a abrirse y a sangrar las heridas causadas por la guerra.

¡Pero es que esas heridas jamás se han cerrado!

¡Lo que ha ocurrido con esas heridas es que se ha intentado una y otra vez curarlas de mala manera!

Supuestamente los Acuerdos de paz de 1992, nos conducirían a la desaparición de las causas que originaron el conflicto armado: pobreza y marginación de las grandes mayorías en el contexto del concierto económico social del país. Y sin embargo a 24 años de esos acuerdos, el orden de cosas imperante nos ha conducido a las antípodas de lo que prometían los pactos que dieron fin al enfrentamiento armado entre los salvadoreños.

Lo demuestra la posición que ocupamos en el contexto internacional, como el país más violento y con la mayor brecha entre pobres y ricos del mundo.

Tal entuerto no se puede explicar de otra manera que la desastrosa situación económica y social en que se encuentra El Salvador, se debe al predominio de la impunidad con que se protege, el crimen al más alto nivel en este país.

¿Qué delincuente o pandillero se sentirá obligado a someterse a la ley, si nuestros dirigentes políticos conceden impunidad a los autores de los más horrendos crímenes de nuestra historia?

El hecho que en el cono sur latinoamericano se haya afianzado la democracia después que se hubo llevado a la cárcel a los militares asesinos protagonistas de la represión contrainsurgente, es un mentís a los que en El Salvador argumentan que no se debe llevar a juicio a los genocidas criollos, porque sangrarán de nuevo las viejas heridas.

Todo lo contrario, la miserable situación que vive la sociedad salvadoreña, nos demuestra que, mal curadas tales heridas, no solo vuelven a sangrar, sino que supuran más hediondas cada vez.

Froilán Sánchez


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