05
Apr
16

Polonio 210

                      I

Un médico oncólogo bien hubiera podido interpretar la sintomatología en que se debatía el paciente, como cancer generalizado; fulminante.

Uno tras otro, sus órganos vitales se veían cayendo en la insuficiencia acelerada de sus funciones. Los espasmos musculares y las alucinaciones mostraban que la afección comenzaba a invadir el cerebro. Cerraba los ojos para descansar, y se veía cantando a dúo con la periodista asesinada, el estribillo de la oda que ciertos folkloristas atribuyen a Gregori Efimovitch. A según, este monje flajelario pretendió poco antes de la revolución de octubre, elevar esos versos a condición de Canción Nacional de Todas las Rusias:

”… Nunca te atrevas
contra nuestro padre el Tzar,
porque su mano es magnánima
pero terrible.
Es inutil tratar de escapar
pues al otro lado del mundo
alcanza su brazo temible…”.

La conjetura se basa en la suposición que tales odas acudieron espontáneamente a la cabeza del monje, el día que atando cabos en su rincón preferido de la biblioteca del palacio de San Petersburgo, pudo deducir la fecha exacta en que los descendientes de Oleg (el sabio), anticiparon en mucho la hazaña de Cristóbal Colón, alcanzando Alaska por la ruta de Kamchatka.

Ese estribillo, se dice, acudió a consolar la mente del presunto autor la noche que era arrastrado hacia las heladas aguas del río Neva, acribillado a balazos. Sus victimarios ignoraban que el místico poseía la facultad de la mitridación, la cual se alcanza ingiriendo cotidianas dosis de veneno. Comió y bebió con fruisión la comida y el vino que le convidó el príncipe Yusupov, luego de lo cual recibió alegremente el postre que se le ofrecía, a pesar que las viandas habían sido aderezadas con cianuro suficiente para matar una traila de caballos percherones. Y como aún daba muestras de vida después de los balazos, sus victimarios esperaban del Neva la justicia definitiva.

Con la muerte de Gregori Efimovitch, sin embargo, perdió más la aristocracia tzariana, porque en los trances que provocaban en él los ritos flagelarios, le fue revelado el futuro de todas las rusias. Como él mismo sospechaba, la Tzaría no consiste simplemente como muchos piensan, en una forma particular de llamar al rey, o al emperador. No! La Tzaría es una críptica filosofía de Estado, cuya eficacia le hace especialmente longeva. Su tiempo no se medirá por generaciones dinásticas, sino por edades comparables a las edades geológicas. Durante tales períodos vendrán y se irán sistemas económico sociales que pueden ser de signo contrapuesto. Mediante el poder de su videncia, Gregori fue el primero que entendió que un Tzar puede ser aniquilado, y con él hasta el último de sus herederos, pero la Tzaría no necesariamente tendría que desaparecer por ello.

Para el propio monje el futuro no se mostraba muy alagador. La llegada de la tercera edad de la Tzaría (la más longeva antes del advenimiento del anarquismo proclamado por Bakunin), habría de ser reconocida por la imposibilidad de los místicos de colocarse fuera de la cólera del poder estatal. En las revelaciones con que era privilegiado, percibía claramente que este tiempo se caracterizaría porque el Estado tendría la capacidad de reducir el don de la mitridación, a la nada.

Bajo los cimientos del kremlin de Moscú está el cerro Borovitski, y en las entrañas del cerro un inextricable laberinto jurásico de grutas cársticas en donde hasta hoy día yace extraviado, el tesoro personal de Ivan IV (el terrible), del cual formaba parte, selecta biblioteca.

Una de las innumerables versiones del hecho, alega que la existencia ahí de tres particulares volúmenes fue la principal motivación del fundador de la Tzaría, para colocar esa colección fuera del alcance de todo intruso ajeno a su círculo íntimo: ”De la naturaleza de las ponzoñas”, atribuido a Locusta, yerbera al servicio de Agripina, madre de Nerón; ”Vegetales y alimañas de utilidad política”, que es un apunte de notas elaborado por Lucrecia, al dictado de la vieja Eleonora, yerbera al servicio de la familia Borgia. El tercero de esos volúmenes fue agregado, posteriormente a la muerte de “el terrible”: ”Sustancias prodigiosas y el poder del Estado”, que es una especie de diario sin firma, atribuido a Catalina de Médecis, reina de Francia e Inglaterra.

Esta particularidad da lugar a la versión más creible. Postula que los volúmenes en cuestión no acompañaron a la biblioteca personal de Iván hasta las grutas cársticas, sino que pasaron a formar parte del archivo estatal. Se debió a que el contenido de tales volúmenes había alcanzado la categoría de ”secreto de Estado”, siendo por ello posible y natural que Catalina ”la grande”, Tzarina de Todas las Rusias, por la Gracia de Dios, y Heredera de Noruega, los convirtiera en sus ”libros de cabecera”

II

El oficio de María Curié no era yerbera, sino mineróloga; le intrigaban sobremanera las piedras que encierran luz. En 1897, el polvo de berilio le reveló que los rayos escapados de la sal negra que Beckerel llamó Uranio, se debe a que esas sales encierran muchos fuegos a la vez. Con su manos desnudas María los separó, y antes que esos fuegos le robaran la vida en castigo a su osadía, al más poderoso de ellos llamó Polonio. Era forma de homenajear su tierra natal desde su destierro en París. La mineróloga llevaba en su ser el gen de Prometeo. Quiso dedicar ese fuego de pábilo mineral, a calentar los hogares de los hombres que tiritaban de frío. Intento vano. La política y la tecnología depararon al polonio un destino diferente.

En la sala de cuidados intensivos del King´s College of London, el médico, totalmente desatendido de la política y del amarillismo noticioso, auscultó al paciente. Tomó entre sus manos la historia clínica, la hojeó detenidamente. No le llamó la atención más de lo necesario el apellido eslavo que encabezaba el historial, pues el ejercicio de su profesión va más allá de apellidos y condiciones sociales. Entendió que el hombre yacía profundamente sedado, y lo estaba; sin embargo éste escuchó perfectamente lo que el médico decía al colega que tenía enfrente: ”Los análisis de laboratorio señalan que hay masivamente la presencia de polonio 210 circulando en la sangre del paciente, en los fluidos y en los tejidos de sus órganos vitales”…

Fue entonces que el espía o ex espía agonizante llegó a a la conclusión que la tercera edad de la Tzaría había llegado. Hizo un esfuerzo por abrir los ojos, pero solo se vió de nuevo junto a la periodista asesinada, cantando a dúo la canción que se atribuyó a Gregori Efimovitch, poco antes de la revolución de octubre.

El polonio 210 es cincomil veces más radiactivo que el radio, y un millón de veces más que el uranio. Pronto descubrirían los políticos que dando, furtivamente, a beber Polonio a los enemigos, se fortalecen las estructuras del Estado.

Lobo Pardo


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