22
Jun
16

Dos caballos azabaches voladores con alas de murciélago

Damián, Cruz, Tomás y Gregorio, iban de El Corozo, por la calle de El Imposible; caminaban en lo oscuro hacia la cúspide. Cuando ya se llegaba al abismo de El Imposible, a Damián, le llegaba el aroma agradable de las flores amarillas de muerto. Damián escuchaba en la hondonada de El Imposible, ramas secas que caían en lo más profundo del río; se escuchaban gritos y risas de gentes. Se escuchaban, los rebuznos de los burros, el relinchar de los caballos; los gallos cantaban y los pichiches rezaban la María Santísima. Sorpresivamente, Damián vió dos caballos azabaches voladores que se pararon en la borda de la calle. Inmediatamente se bajaron dos espectros. Un hombre moreno, con un sombrero negro, un traje negro y un machete colgado del cincho decía: –Si hombre, yo siempre te dije que estos hijos de puta son unos miedosos.

Cuándo Damián conoció a la figura negra, desfalleció y se le aflojaron las piernas. Este comenzó a caminar a gatas.

A la par del tipo estaba parado Alberto con un pañuelo negro en el rostro. La gente dijo que a Alberto le cortaron las mejillas. Su dentadura brillaba cómo la sal blanca bajo el sol. Damián sentía que le corría sudor helado por todo el cuerpo y no sentía las piernas. Rapidamente Se acerco, Alberto a Damián. Alberto cómo siempre usaba el mismo estilo para moralizar a los revolucionarios. Con el puño cerrado le decía a Damián:  –Vamos compita, no se desmaye. Nosotros vamos a ganar esta guerra, pero van ha caer en combate muchos compañeros valiosos. Pero nuestra tenacidad no se debe agotar. Vamos compita, yo estoy seguro que usted no va ha morir en esta guerra. Yo quiero que usted le cuente toda esta historia a los demás que no van ha tener la oportunidad de mirar esta gran maniobra militar. Vamos compita que Agustín Farabundo Martí nos ordena tomar en nuestras manos la antorcha iluminadora de caminos libertarios. Vamos compita que usted es uno de los exploradores que va ha despejar los senderos por donde van ha pasar las grandes fuerzas estructuradas,en brigadas capaces de aniquilar a todo el ejército.

Damián inesperadamente vió el espectro de Esmeralda Cabrera con una cubeta en la cabeza y un vaso de cristal con una bebida amarilla en la mano derecha. Cuando Damián vió a la mujer vendedora de fresco de piña, cayó de panza sin fuerzas en los brazos. Entonces otra vez Alberto, con el puño cerrado decía: –No desmaye compita. Ella, fue una gran miliciana. Ella, decía que no podía empuñar un fusil; sin embargo, como una miliciana estaba dispuesta a llevarle el fresco de piña a los combatientes; a cada uno en su trinchera.

Alberto y el tipo, se lanzaron sobre de los caballos azabaches con alas de muercielago que volaban entre de los árboles y se perdieron en el abismo negro de El Imposible. El cansancio era tan grande que nadie tenía fuerzas en las piernas para seguir caminando. Aquellos guerrilleros descansaron entre los matorrales de un bosque en donde toda la broza alumbraba y hasta los animales que caminaban parecían unas lamparas entre los charrales, y se escuchaban los pasos de gentes que caminaban entre aquel bosque iluminado; no se pudo dormir por tanto ruido y por el frío en el mes de diciembre de 1980.                                                                                                                                                                                 José Palencia


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