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¿Qué hay detrás de los “ninis”?

Ha acuñado la sociología popular en El Salvador el término “nini” para identificar ese vasto sector de la población de ambos sexos en edad productiva, que ni trabaja ni estudia.

Este es un segmento poblacional que como la población de pandilleros activos más colaboradores, simpatizantes y parientes, tienden a traspasar el umbral de las decenas de miles hacia las centenas de miles.

Un elevado porcentaje de la población de ninis cruzará las fronteras del país en búsqueda del cada vez más imposible, sueño americano, muchos perecerán en el intento; otro elevado porcentaje se quedará a jugar su natural papel de canteras pandilleras. Un mínimo porcentaje de ellos encontrará la forma de subsistir en el interior del país, aceptando eventuales ocupaciones a cambio de pagas mucho menores que el salario mínimo.

Digamos que en el nuevo orden de global neoliberalismo, pandillas y ninis son la población que no conviene que suban a bordo del barco, porque de hacerlo, la nave se hunde. De modo pues, que la ley de la sobrevivencia impone a pandillas y ninis, que la única forma de no perecer en este diluvio es la mutua colaboración o la fusión de ellos en una sola entidad.

Desde la época de Antonio Saca, los sucesivos gobiernos vienen dando tímidas muestras de que comienzan a entender la importancia que tiene para la buena salud de una economía nacional, que la población en general goce de un decente poder adquisitivo. El poder adquisitivo de la población robustece el mercado interno. Un mercado interno sólido es uno de los pilares que garantizan la buena salud de la sociedad, la economía nacional y de la paz social.

El gobierno de Sánchez Cerén ha anunciado que dentro de sus planes a corto plazo, tiene lugar una suerte de estipendio en metálico para los ninis. Se abstiene de dar detalles. No aclara si tal pensada es producto de un amplio estudio. En consecuencia tal anuncio ha suscitado un amplio rechazo de la población económicamente activa que se expresa por  medio de las redes sociales.

Para ciertos observadores, este rechazo es una muestra de insensibilidad social; para otros sin embargo es una muestra que la población salvadoreña espera por parte del gobierno, un muy bien pensado plan de acción para resolver el problema de la desigualdad y marginación social, y no pretender que un simple estipendio sea el remedio de semejante mal. Un simple estipendio, expedido sin ningún criterio, podría incluso complicar la situación, dicen.

En efecto, si el gobierno se abstiene de explicar en el marco de qué análisis o medidas concretas se proyecta ese extipendio, queda a la población la impresión de que se trata de una medida demasiado a la ligera, tendiente simplemente a sangrar el presupuesto nacional.

En efecto, estamos ante la doble problemática de trabajo y estudio para la juventud. Deberíamos entonces de comenzar por un amplio análisis de la situación que nos aclare entre otras cosas, ¿a cuánto asciende el censo de la población nini del país?; ¿a qué se debe que esta población no accede ni a estudios ni a trabajo?

Simultáneamente deberíamos impulsar otro amplio estudio sobre el mercado laboral que nos ponga en claro ¿cuáles son las tendencias laborales del mercado de trabajo? ¿qué oficios, profesiones, y en qué medida demanda actualmente el mercado laboral? ¿en qué medida demanda este mercado mano de obra no calificada?

Seguramente que llegaríamos a la conclusión que lo que nos hace falta para avanzar en la resolución de la problemática, en lo referente a la educación básica y aún superior, es, simplemente, hacer efectivo el derecho de los jóvenes pertenecientes a la población nini, a la educación.

La mayoría de éstos jóvenes se ven impedidos de acceder a las instituciones educativas porque carecen de la capacidad de pagar el transporte colectivo, carecen de la capacidad económica de adquirir materiales de estudio, y de la capacidad económica de pagarse una adecuada alimentación.

Es en este renglón de necesidades que el gobierno debería garantizar suficiente inversión a fin de avanzar a una resolución estructural en favor de los jóvenes nini.

En cuanto a la problemática laboral los estudios sociológicos previos, nos conducirían a la conclusión que la tendencia del sistema es a una creciente disminución de demanda de fuerza laboral no calificada; por lo que es necesaria la apertura de suficientes escuelas técnicas para adultos, de oficios acordes a las demandas del mercado laboral, en donde a los educandos se garantice asimismo, transporte, materiales educativos y adecuada alimentación.

Si el gobierno invierte en estas tendencias, haría muchísimo más que un estipendio individual, expedido sin mucho criterio.

Detrás de la población nini, lo que hay es la tendencia sistémica a la desigualdad y marginación social de los muchos, para favorecer el indecente enriquecimiento de unos pocos.

Pablo Perz


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