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Jul
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Hablando de reconciliación en el marco de El Salvador

Carlos Marx demostró que en el más pacífico de los casos, lo que enriquece a los capitalistas es la plusvalía.

Plusvalía es el valor del trabajo no pagado, producido por los trabajadores. Por ejemplo, si en 8 horas el valor de lo producido por el trabajador es de 100 dólares, éste recibirá como salario, en el mejor de los casos, 1 dolar por esas ocho horas trabajadas. El resto de esos 100 dólares se lo apropia el capitalista.

El primer mandamiento del credo capitalista es negar la ley de la plusvalía enunciada por Carlos Marx. Ven en ella una mostruosa perfidia, una infamia inaudita. Esto hace que la contradicción entre los trabajadores por un lado y los capitalistas grandes y pequeños por otro, se vuelva irreconciliable.

En otras palabras la reconciliación entre éstos dos grupos en relación a la defensa de sus intereses se vuelve imposible, debido a que, media entre ellos un robo; y cuando el ladrón se niega a reconocer el robo no hay reconciliación que valga.

Las capas medias tienden a aliarse con los polos opuestos del espectro social que les son más cercanos, por ejemplo, los estratos medios altos, tienden a aliarse con los grandes capitalistas; los estratos medios bajos, por su parte, tienden a hacer lo propio con las capas populares.

Estas tendencias en materia de contradicción, reconciliación y alianzas entre las clases sociales son más evidentes en coyunturas de convulsión política o posteriores a un grave conflicto como el caso salvadoreño.

En tales coyunturas las clases sociales no se comportan de manera graníticamente unida, sobre todo las clases populares en las cuales la conciencia acerca de en donde se ubican sus propios intereses es muy difusa y dispersa, en comparación de las clases altas de la sociedad. He aquí la razón por la que para los capitalistas es de gran importancia mantener a los trabajadores sumidos en la alienación mental y la ignorancia.

Los capitalistas, por su alto grado de educación formal y por muchas otras razones, sí tienen muy claro que para mantener sus privilegios de clase, es necesario negar a los trabajadores una justa retribución a cambio del trabajo que éstos despliegan en favor de la producción de bienes y servicios; en favor del desarrollo social en su amplio sentido.

En coyunturas socialmente convulsas las capas populares de la sociedad experimentan gran confusión y dispersión, de tal modo que hay quienes por su propia voluntad se entregan al servicio de sus enemigos de clase para luchar en contra de sus propios intereses y los intereses de sus hermanos de clase.

Muchos de los que no se entregan por su propia voluntad, oponen poca resistencia si son forzados; por ejemplo, los conscriptos o soldados reclutados.

Ni quienes concurren voluntariamente al servicio del enemigo de clase, ni quienes son forzados a ello, tienen alguna posibilidad de pasar a formar parte de la clase social a la que sirven, y sin embargo su vínculo y la conjunción de intereses con la clase social de su origen no se disolverá por la vía de servir a intereses ajenos. De ahí que los grandes teóricos de la revolución social, consideraron siempre que es de gran importancia para la revolución llevar a cabo una lucha ideológica tendiente a que aquellos miembros de las clases populares al servicio de los capitalistas, cobren conciencia y regresen al redil de su clase de origen.

Los soldados y servidores de los capitalistas, son enemigos casuales de los luchadores revolucionarios, no son el enemigo principal. La contradicción entre aquellos y los luchadores revolucionarios no es la contradicción fundamental del capitalismo como sistema; se trata únicamente de una contradicción secundaria en el contexto de la lucha social. Esto hace que sea más facil y hasta natural que entre aquellos enemigos casuales y los revolucionarios haya reconciliación; lo cual es imposible que haya entre los trabajadores y los capitalistas de toda laya.

De hecho, entre las tareas principales de los revolucionarios está la labor de captación entre soldados, policías y demás miembros de las clases populares que sirven al enemigo de clase.

Desde luego hay casos especiales en que aquel elemento proveniente de las clases populares al servicio de los capitalistas, logra hacerse un lugar como miembro legítimo de la clase a la que sirve, volviéndose de este modo enemigo irreconciliable para su clase de origen. Tal es el caso de aquel migueleño que comenzó como soldado raso, en el contexto de la guerra, se ganó las jinetas de suboficial; saltó a la política, fue electo alcalde por varios períodos y en esa carrera es ya uno de los principales millonarios de la zona oriental. Este conspicuo caballero es ya imposible de ser cooptado a favor de los intereses populares. Algo parecido ocurre con la mayoría de policías y militares de alta graduación que nacieron en cuna humilde.

F Aguilar


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