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Okt
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¿Que hay detrás de la crisis de los regímenes neo reformistas en América Latina?

En sociedades en donde el estamento político se muestra extremadamente polarizado como en El Salvador, al pueblo llano le toca que navegar entre Escila y Caribdis (dos corrientes peligrosas y traicioneras).

Hoy por hoy, sin embargo, a las mayoritarias masas de la población, conviene que el FMLN se mantenga en el poder debido a que, obligados los salvadoreños pobres a escoger entre algo y nada, es lógico que prefieran ese algo que significan los paquetes escolares y agrícola, el vaso de leche y en algunos casos la merienda (que no almuerzo), servido a los alunmos en no todas las escuelas de educación primaria.

El pueblo llano demuestra aprecio a estas pequeñas cosas que el partido en el gobierno da categoría de “proceso de grandes transformaciones”.

Los numerosos zapateros y sastres a los que el gobierno, acertadamente abrió las puertas como proveedores de calzado y uniformes; los cocineros a cargo de la merienda escolar, se muestran agradecidos, a pesar de reiterados atrasos en que se ha incurrido con ellos en materia de pagos, por parte del Estado.

Lo mismo ocurre con los campesinos pobres favorecidos con el paquete agrícola, quienes después de mucho tiempo volvieron a contar con un exedente  en su micro producción con el cual concurren al mercado, lo cual contribuye en gran medida a estabilizar los precios de los granos de la canasta básica.

Pero el juego político tiene entresijos que hasta para los más experimentados, no pocas veces se convierten en verdaderas trampas que les abisman al fracaso.

Estos inesperados vericuetos de la política son responsables de que muchas veces los procesos encabezados por gobiernos medianamente progresistas son afectados por sorpresivos giros que parecen no tener explicación lógica, como el caso chileno donde el electorado de ese país concedió la presidencia al derechista Sebastián Piñera posteriormente al primer gobierno de la reformista Michelle Bachelet. En el actual segundo gobierno de Bachelet, ese mismo electorado acaba de colocar la inmensa mayoría de los gobiernos municipales en manos de la derecha. El caso de la derrota de Cristina Kirchner ante el derechista Mauricio Macri  en Argentina. El raquitismo en que cayó la fuerza detrás de Dilma Rouseff y Lula Da Silva. Debido a ésto las bases del PT y sus aliados se han mostrado incapaces de rescatar a los dos expresidentes del PT de las garras de la derecha predadora.

Detrás de todo lo anterior no hay otra cosa que una drástica reducción del apoyo popular que antes se puso de  manifiesto en favor del neo reformismo.

El caso venezolano en que los electores pusieron en manos de la oposición antichavista el parlamento del país, revasó los límites del dramatismo. Llevó a voceros autorizados del PSUV a culpar de la derrota a la ingratitud de los mismos que están siendo favorecidos por las reformas sociales iniciadas por Chávez y sostenidas por Maduro.

Algunos observadores de la realidad latinoamericana afirman que el fenómeno se debe a que los pueblos del continente fueron educados en una lucha revolucionaria que prometía tomar el cielo por asalto; consecuencia de ello estos pueblos continúan soñando en grande y ya no les impresionan los parches que los reformistas de hoy colocan al sistema, aunque les llamen pomposamente “procesos de grandes transformaciones”.

Hay otros elementos contribuyentes a la crisis del neo reformismo en América Latina, como es el hecho que el funcionariado estatal proveniente de las luchas revolucionarias, se sumó alegremente al régimen de elevados salarios establecido por la derecha tradicional, lo cual les permitió hacerse un lugar en la clase media alta. Al ser humano, una vez alcanzada cierta categoría social superior, se le hace imposible renunciar a ella. En esta brega reparten estos funcionarios (hay honrosas excepciones), su tiempo entre los deberes ante el Estado y negocios privados.

Tal cosa, sobre todo en el marco de aguda crisis económica para las capas bajas de la población, da a los observadores la percepción que ese funcionariado cobra demasiada paga por los precarios parches con que el neo reformismo se da a remendar el sistema.

No hace mucho, en el marco del efrentamiento entre los poderes Legislativo y  Ejecutivo con la Sala de lo Constitucional, escuché el autocrítico comentario de un funcionario salvadoreño que planteaba que, ciertamente la derecha en la oposición, no pierde oportunidad de golpear la labor del gobierno, por positiva que ésta sea, sobre todo, cuando el mismo gobierno y el partido oficial brindan a la derecha la oportunidad de que ataque y golpee.

Hoy día el gobierno salvadoreño da la impresión de ofrecer dos flancos no solo para que la derecha golpee, sino además (y que es más riesgoso), para perder apoyo entre los mismos votantes del partido en el gobierno. Hablamos de el tratamiento dado por la ministra de salud a la crisis laboral del sector salud pública y de la retórica con que el vicepresidente  se refiere a la problemática delincuencial.

El vicepresidente reivindica el uso de la fuerza como único camino en el combate a la criminalidad, despojando sorpresivamente a la política gubernamental de algo de lo que el pueblo salvadoreño es cada vez más conciente: que la sola represión carente de medidas sociales no nos llevará a otra parte más que al círculo vicioso de la violencia sin fin, para regocijo de los proveedores de armas, servicios de seguridad privada; en fin de los que hacen negocio de la violencia social.

Por su parte la ministra de salud amenaza con descuentos, despidos y hasta con la disolución de sindicatos del sector salud pública, a los trabajadores y profesionales que se movilizan por el cumplimiento de la ley. ¡Es la ley que demanda el pago del escalafón!

En el marco de la crisis fiscal del Estado la propuesta de la ministra de salud es muy razonable: pagar el escalafón a salarios menores de  $1500:00; lo cual mediante buenas maneras y argumentos, podría llegar a ser aceptado por los sindicalistas; pero los métodos y el lenguaje utilizados por la ministra a fin de obligar a los agremiados a acatar la iniciativa ministerial, únicamente abona a la radicalización de los manifestantes, ofrece fácil flanco a la derecha para golpear y va en la vía, de cara a las próximas elecciones, de perder apoyo entre los mismos votantes del partido en el gobierno. Algo parecido ocurre respecto a la política gubernamental con que se enfrenta la movilización de ciertos gramios magisteriales.

En el subconciente popular, priva la noción que este gobierno, que se dice de izquierda, debería estar anuente a las demandas de la clase trabajadora, a la que la crisis económica y el costo de la vida golpean duramente y a diario.

Obvia la señora ministra, que las luchas que se libran por el cumplimiento de la ley, podrán ser reprimidas hasta su desmovilización y disolución; pero en el terreno de lo moral se vuelven invencibles e imperecederas.

Los regímenes neo reformistas en América Latina, parecen tender, no obstante, a culpar a otros, especialmente a observadores y comentaristas, de sus propios errores y debilidades.

Ahmed Goliath


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