29
Nov
16

El sueño cubano

En materia onírica, se asume que existe el “sueño americano”, un sueño propio de aquellos hombres y mujeres que deciden acumular fortuna abriéndose paso a codazos, patadas y mordidas entre sus semejantes, matando indígenas para arrebatar sus territorios, esclavizando negros para explotar la tierra, inpulsando industrias que matan de agotamiento a los obreros y asesinan a la naturaleza, a los ríos, el aire; el mar…; llevando la guerra a naciones indefensas para imponerles el intercambio desigual, el proteccionismo o el libre comercio, el cierre o la apertura de fronteras según la coyuntura, pero siempre en beneficio propio, de manera unilateral. Imponer la diplomacia de las cañoneras, la política del gran garrote y proclamar “América para los americanos”…. En fin el sueño de Donald Trump, de quien siguiendo la huella de sus oscuros negocios, se llega a descubrir que su primigenia raíz se afinca en el ambiente prostibulario y casas de juego, en donde otros afortunados como él, son capaces de derrochar en una noche de placer, millones de millones de dólares, producto de las plusvalías creadas por obreros mal pagados, atormentados por el empleo precario, el desempleo y que carecen hasta de protección médica. Y la poca de esta protección que Barack Obama pudo llevar a ellos, donald Trump amenaza revocar o privatizar.

El sueño americano, a pesar de su deshumanizada naturaleza, logra seducir a muchos latinoamericanos y salvadoreños que son lanzados a tal aventura, por la falta de oportunidades de progreso y por ser tratados como extranjeros en su propio país, por la clase dirigente.

Otros millones y millones de latinoamericanos y salvadoreño empobrecidos por la explotación, la marginación y las injusticias que sufren en sus propios países, sin embargo, se dejan seducir por un sueño muy distinto; es el sueño cubano, muy parecido al que soñó Alberto Masferrer y al que llamó, “Mínimun vital”. Esto es, que todos y cada uno de los salvadoreños, o cualquier otro ciudadano del mundo, independientemente de su condición social, tiene derecho a educación suficiente, atención médico hospitalaria, empleo estable y salario justo acorde al costo de la vida; derecho a una habitación amplia, aireada, en buenas condiciones para ser habitada y con sus servicios básicos en pleno funcionamiento; derecho al esparcimiento, a la cultura y a gozar de un medioambiente sano, ecológicamente equilibrado y saludable, en fin…

En la mejor época del régimen de Fidel Castro, pudieron los cubanos aproximarse hasta rozar con las yemas de los dedos el mínimun vital de alberto Masferrer, y si esa mejor época fue fugaz, deteriorándose con el correr de los años, alejando a los cubanos poco a poco del sueño masferreriano, se debió, al criminal bloqueo económico y comercial con que agredieron a la mayor de las antillas los sucesivos gobiernos estadounidenses desde 1959. Empeoró la situación al derrumbe de la Unión Soviética, cuyo apoyo se volvió crucial para evitar la hambruna con que Estados Unidos pretendía poner de rodillas a los hijos de José Martí, tal y como hoy día lo hace con más éxito, Bacher al Azad hacia sus compatriotas que quedan atrapados en las zonas bajo control de los rebeldes enemigos del Estado sirio.

El sueño americano sirve para demostrar al mundo que echando mano a la brutalidad más salvaje, a la mayor ausencia de escrúpulos de que es capaz el ser humano, al total desprecio por el derecho de sus semejantes y al equilibrio de la naturaleza, se es capaz además, de acumular, a partir de apropiarse de las plusvalías producidas por los trabajadores, fortunas suficientes para levantar torres de marfil como la de Donald Trump, para enchapar con láminas de oro un amplísimo apartamento como el que habita el próximo presidente de los EEUU y su primorosa familia; para derrochar en una noche de juerga, millones de dólares en los prostíbulos y casas de juego que regenta el megalómano magnate de la gran potencia norteamericana, que con la entrada de semejante personaje a la escena política, da inicio a la etapa de su franca decadencia.

En las antípodas del sueño americano toma sitio el sueño cubano, que sirve al mundo para demostrar que no es necesario ser una muy rica nación como son las del norte de Europa; que también para una nación de limitados recursos y limitado PIB es posible implementar un Estado de bienestar en favor de la población más vulnerable, tal y como sucede en el sistema noreuropeo. Y que para ello únicamente hace falta que la clase empresarial aporte lo justo a las cajas fiscales, y que la clase política se abstenga de robar el dinero de los contribuyentes. Este es el sueño que sueñan los millones y millones de desheredados del mundo, a los que importa un bledo el sueño americano. Este es el gran aporte del régimen de Fidel Castro al acervo universal. Es esta también la razón por la que el gran timonel cubano deja este mundo arropado por el respeto de los pueblos del planeta tierra, los cuales, con ese respeto le cubren de una gloria que, según sus amigos cercanos, él nunca quiso.

En otro orden, probablemente al momento de la muerte, que es inevitable, a Donald Trump le toque morir en una cama chapada en oro, bajo sábanas recamadas de metales y piedras preciosas, y sin embargo, ignorado por los pueblos del mundo. Acaso será tristemente recordado, como se recuerda hasta hoy día al siniestro y lúgubre autor del libro, Mein kampf.

UríasEleazr


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